domingo, 30 de agosto de 2015

LA PARCA Y LA NIÑA






La parca paseaba por la noche, dando tumbos en la oscuridad,
solo un niño del orfanato le faltaba y no tenía piedad.
La enfermedad se llevó a todos,
niños, niñas, cuidadores y más.
La muerte negra abrazó a los huerfanitos,
en sus brazos de fiebre, tos y vomito infernal.
Solo uno se salvaba de su influjo, solo uno se escondía en un lugar.
La parca más flaca que un alambre,
lo buscaba para darle mortandad.
Pero el niño era muy inteligente y no se dejaba encontrar.
La pelona buscaba en todos sitios.
En cuartos, pabellones y demás.
Bajo muebles, camas y cortinas pero no lo lograba hallar.
Ya cansada de tanto buscar, se sentó preocupada en un altar.
Si ella regresaba sin el niño, el demonio la haría a ella pagar.
De pronto una niña muy pequeña, de grandes rizos y belleza singular,
se acercó y tomó su mano fría, sin temor a su escondite dejar.
“Toma” – le dijo la pequeña, entregandole su propio corazón,
su pecho ensangrentado era testigo del vacío que dejaba en su interior.
La calavera recibió aquel presente sin entender que quería aquella flor.
La niñita de presencia silenciosa con mucho amor solo pronunció:
“Le doy mi corazón señora parca para que no le llamen la atención,
porque si el  maligno se ensaña con usted,
¿quién vendría a salvarnos del dolor?
tendríamos que vivir eternamente con malestares, con miseria y sin amor,
como lo han pasado mis pobres hermanitos que usted amablemente se llevó.
Ahora lléveme a mí junto con ellos porque acá no tengo a quien dejar,
cada año sin padres ni familia me llenaban a mí de soledad.
Al menos en el cielo de los niños tendré una familia que abrazar,
un ángel me tomara por su hija amada y otro se convertirá en mi mamá”
La parca con una lagrima en sus cuencas y sintiendo corazón una vez más,
abrazó a la pequeña entre sus huesos, la beso en la frente con amor,
la llevo al reino eterno de alabanza donde ya no tendrá ningún dolor.